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Startups y Emprendimiento

El peligro de gustarle a todos

Por Cristian Tala Sánchez ·

El peligro de gustarle a todos
en este artículo
  1. El feedback que llegó
  2. Por qué hablo así
  3. ¿Qué dice la ciencia de enseñar con garabatos?
  4. Los exámenes fáciles también mienten aquí
  5. La palmadita sale más cara que el garabato
  6. Lo que sí me llevo de las críticas
  7. Qué hacer con esto el lunes a las 9am

La semana pasada di un taller de valorización de startups en un programa de aceleración. En las evaluaciones convivían las dos puntas: mejor profesor del programa para unos, el peor para otros. Llevo años con ese split cerca del 50/50. Esta vez el balance favorable rondó el 90%, y mi primera reacción no fue celebrar. Fue desconfiar del número.

El feedback que llegó

Lo que destacaron los participantes: el enfoque honesto sobre los desafíos de emprender, sin la versión idealizada, y una metodología de valorización con ejercicios que podían aplicar de inmediato en sus proyectos.

Lo que incomodó: los garabatos (malas palabras, para los que no son de Chile) y el lenguaje informal. A algunos los distrajo del contenido. Y a los que venían sin base conceptual les costó seguir el hilo en algunos momentos.

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QUIERO NAVEGAR

Mi respuesta al equipo organizador fue más o menos esta: en general estoy 50% que me ama y 50% que me odia. Si la balanza se fue tan arriba, debo estar perdiendo mi tacto. Lo escribí medio en broma. Medio.

Por qué hablo así

No es un accidente ni falta de vocabulario. Fui ayudante en la universidad durante cinco años y profesor durante otros seis, y esos once años frente a un aula me enseñaron la diferencia entre una clase que se anota y una que se aplica. El founder que llega a estos talleres ya pasó por cursos, charlas y mentorías. Si le hablo en tono de clase, lo archiva como una clase más: asiente, anota, agradece y el lunes sigue haciendo exactamente lo mismo.

El lenguaje crudo rompe ese filtro. Ejemplos de la misma charla, tal como los dije:

Sobre mi propia empresa, después de venderla: hay algo que nadie me ha dicho. ¿Por qué mierda una startup tiene caja de 3 millones de dólares? ¿Por qué no crecimos más, si teníamos esa plata disponible para invertir? Esa pregunta nadie me la hizo a tiempo. Me la tuve que hacer yo, años después.

Sobre el crecimiento: si habla como startup y se ve como startup, pero no crece como startup, no es startup.

Y cuando alguien me dice “no puedo crecer porque no tengo dinero”: busca la forma.

He probado decir esas mismas ideas en versión suave. No funciona: todos quedan de acuerdo y a la semana nadie ha movido un dedo. La versión cruda incomoda, y la incomodidad es la señal de que el mensaje atravesó. Tiene un costo: parte de la sala se queda pegada en la forma y no llega al fondo. Lo asumo.

¿Qué dice la ciencia de enseñar con garabatos?

Después del feedback de esta charla me puse a investigar si lo mío tenía respaldo o era puro empirismo. Debí hacerlo antes; nunca me había dado el tiempo. Resulta que la psicología lleva décadas midiéndolo:

  • Las palabras tabú se recuerdan más. En un experimento clásico, después de una tarea de distracción los participantes recordaban el 39% de los garabatos y solo el 7% de las palabras neutras (Jay et al. 2008). Y mejoran el recuerdo de las palabras vecinas (MacKay et al.): el garabato no solo se queda él, fija lo que dijiste al lado.
  • Un garabato bien puesto persuade más sin costarte credibilidad. Un solo “damn” al inicio de un discurso aumentó la persuasión y la intensidad percibida del orador, sin mover su credibilidad (Scherer y Sagarin 2006).
  • Más garabatos, menos mentira. Analizando 73 mil perfiles de Facebook, quienes usaban más garabatos mostraban menos engaño (Feldman et al. 2017). El hallazgo tiene debate posterior, pero apunta a lo que intuyes cuando alguien te habla sin filtro: no está actuando.
  • El estudio que más se parece a mi taller: en 2025 midieron a un profesor que dijo garabatos exactamente dos veces en una clase de 40 minutos, en una universidad privada cristiana de Alabama (Washmuth et al. 2025). Sus alumnos reportaron más interés y más foco en el contenido, y no lo encontraron poco profesional. Pero en la prueba de conocimiento les fue igual que al grupo sin garabatos.

Ese último punto es el matiz que me importa: el garabato compra atención, no aprendizaje automático. Los investigadores lo limitaron a dos por clase a propósito, porque el efecto se desgasta con el uso. Y encontraron la misma condición que yo aprendí dando clases: funciona cuando apunta al contenido. Dirigido a una persona, o desde la rabia, destruye la confianza. Por eso mis garabatos son para la caja de los 3 millones, nunca para el que pregunta.

Los exámenes fáciles también mienten aquí

Esta semana me pasó lo mismo en otro terreno. En mi benchmark de modelos de IA medí los tres tiers nuevos de OpenAI y empataron en calidad, con 5× de diferencia de precio. La conclusión incómoda no fue sobre los modelos: fue que mis pruebas quedaron demasiado fáciles. Cuando todos aprueban tu examen, el examen dejó de medir.

El aplauso funciona igual. “Qué lindo lo que estás haciendo” es el examen fácil del emprendimiento: te lo regalan tu familia, tus amigos y buena parte del ecosistema. Sube la moral y no corrige nada. Con feedback cómodo nadie detecta una valorización inflada ni un plan que no cierra. Eso te lo dice el mercado después, con intereses.

La palmadita sale más cara que el garabato

Mi otra silla es la de inversionista. He evaluado cientos de emprendimientos, participo en siete fondos, y más del 90% de los que he rechazado los rechacé por valorización.

En el taller conté el caso de noviembre de 2021, el peak de valorizaciones. Muchas startups levantaron capital a números inflados y en la ronda siguiente no pudieron demostrar el crecimiento que ese número prometía. Les quedaban dos opciones: aceptar una ronda a la baja o quebrar. La mayoría de las que conocí prefirió quebrar. Eso fue 100% ego: no nos gusta que nos digan que la empresa ahora vale menos.

A varios de esos founders alguien les debió decir en la cara, a tiempo, que su número no se sostenía. Nadie lo hizo, o lo hicieron tan suave que no dolió. El aplauso les salió más caro que cualquier garabato.

Me pasa seguido: a alguien le duele lo que le digo en el momento y está convencido de que me equivoco. Años después me contacta para decirme que tenía razón. Y no lo cuento por el punto a mi favor: esto no es un concurso de quién tiene razón. Lo hago para ayudar, y la ayuda sirve cuando llega a tiempo.

Lo que sí me llevo de las críticas

De las críticas que recibí hay una que es simplemente correcta: la de la base conceptual. La voy a corregir; la próxima versión del taller refuerza los conceptos antes de pasar a la práctica. Esa crítica me sirve porque es específica: me dice qué arreglar. “Todo estuvo excelente” no me dice nada.

Y el garabato tampoco es magia. Si se vuelve muleta, deja de funcionar. El objetivo es que la sala le tome el peso a una decisión que puede quebrar su empresa, no ganar un concurso de rudeza. El garabato solo funciona con el dato al lado; sin eso es mala educación.

Qué hacer con esto el lunes a las 9am

  1. Identifica a la persona que te dice las cosas en la cara (un inversionista, un mentor, el cliente que reclama) y dale más espacio del que te pide.
  2. Si el 100% de tu feedback es positivo, cambia la pregunta. Deja de preguntar “¿qué te pareció?” y empieza a preguntar “¿qué es lo que peor hice?”.
  3. Cuando te toque dar feedback, específico y directo con el dato al lado le gana a vago y cómodo. “Me encanta tu proyecto” no ayuda a nadie. “Tu valorización no resiste tu crecimiento actual” sí, aunque duela.

¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo algo de tu negocio que te dolió y tenía razón? Si no te acuerdas, no es que estés haciendo todo bien. Es que nadie te está corrigiendo el examen.

Preguntas frecuentes

¿Decir garabatos ayuda a que la gente aprenda?

La evidencia muestra que las palabras tabú capturan la atención y hacen el momento más memorable, e incluso mejoran el recuerdo de lo que se dice junto a ellas. Pero el único estudio en aula real (2025) no encontró mejora en la prueba de contenido: el garabato compra atención e interés, no aprendizaje automático. Funciona como énfasis dosificado, no como método.

¿Cuándo un garabato daña tu credibilidad?

Cuando apunta a una persona o nace de la rabia. La investigación sobre profesores que dicen garabatos muestra que la audiencia evalúa la intención: si el garabato enfatiza el contenido se percibe como pasión y autenticidad; si va dirigido a alguien o expresa frustración, destruye la confianza. Y si se repite demasiado, el efecto se desgasta.

¿Por qué recibir solo feedback positivo es mala señal?

Porque el feedback cómodo no distingue nada: sube la moral y no corrige decisiones. Como un examen que todos aprueban, deja de medir. El feedback útil es específico y suele incomodar: te dice qué arreglar antes de que el mercado te lo cobre con intereses.

🏴‍☠️ Navegando Sin Un Mapa

Lo que estoy aprendiendo sobre tecnología, startups e inversión. Un email a la semana, sin humo.